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Recopilación documental con su respectiva contextualización reunida en cinco volúmenes; nuevos aportes documentales publicados como suplemento de un periódico y luego llevados al formato de libro; muchos artículos, ensayos y entrevistas.
Por donde se le mire, está claro que la presencia de Ernesto Che Guevara en Bolivia se convirtió en un tema de investigación periodística a mi cargo. Y no por una decisión asumida conscientemente. He tenido que reflexionar sobre ello y posteriormente hallar yo mismo las explicaciones, que por cierto son varias.
Primera, el pertenecer a una generación que recibió el impacto directo de los hechos, ya preparada además por el entusiasmo que desató el triunfo de la revolución cubana.
Segunda, la cercanía al acontecimiento histórico desde las filas del destacamento juvenil del PCB, el conocimiento personal de muchos entretelones de la relación entre este partido y el Che.
Tercera, la entrañable amistad con varios de los jóvenes que cayeron en la guerrilla, los lazos de solidaridad y coincidencias que me unieron a ellos y que de hecho me legaron la obligación moral de rescatar su memoria, hacer lo posible por evitar que sus vidas generosas sean olvidadas, tarea que todavía considero incumplida, puesto que el peso de la personalidad del Che sigue acaparando todos los escenarios.
Y cuarta, la afición por la investigación histórica que, entre otras formas, se expresa por los estudios de la especialidad en la umsa, interrumpidos por la dictadura de Banzer, pero donde alcancé a recibir lecciones decisivas de maestros como Alberto Crespo Rodas y María Eugenia del Valle.
Finalmente, la proximidad entre el periodismo, oficio al que se consagró profesionalmente mi vida, y la historia. No en vano se dice que los periodistas somos los historiadores del presente y los historiadores los periodistas del pasado.
Incluyo, en esta sección, una nota que enfoca globalmente el suceso, publicada originalmente en Presencia; un comentario solicitado por La Razón sobre la postura de Gary Prado acerca los restos del Che; la exposición, hasta ahora inédita, en la Protomoteca (Campidoglio) de la Comuna de Roma en ocasión del evento Letture sul Che al que fui invitado en 1998; una carta aclaratoria que infelizmente Presencia no publicó y una breve nota sobre la mujer en los sucesos guerrilleros.
También una entrevista sobre la muerte de Inti Peredo, recogida a los 20 años del hecho y que demoró 10 años más en publicarse. Como todo alegato individual, este testimonio es interesado y parcial, es "la" versión de una persona involucrada en un acontecimiento sobrecogedor que pretende que sea guardado en la mente colectiva de la manera peculiar como él lo vivió, o cómo quiere verlo después de muchos años. En este caso, además se trata de una persona acosada por la sospecha y las sindicaciones, como la que le lanzó sin mucho fundamento Jesús Lara en la biografía de Inti. Hasta ahora sigo sin saber si Fernando Martínez, alias "Tesorito", vive todavía y dónde se encuentra. Pero esta entrevista ocasionó una reacción inesperada del hermano menor de Inti, Osvaldo Peredo, que me obligó a sostener una polémica pública en las páginas de Ventana de La Razón (septiembre y octubre de 1999), por haberme atribuido propósitos que estoy muy lejos de abrigar.
Por último, están las entrevistas que hicieron los colegas Rafael Archondo y Wilson García Mérida, para La Razón y Los Tiempos respectivamente.
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