BIOGRAFO - CHE: GUERRILLA Pedro Susz K. PDF Imprimir Correo electrónico
La primera parte del Che de Steven Soderbergh entregaba aciertos (varios) y yerros (algunos), atribuibles estos últimos especialmente a una voluntad de objetivar el enfoque sobre el personaje, lo que terminaba distanciando un tanto el relato y vaciándolo de vibración emocional. La segunda parte permite apreciar una relación inversamente proporcional entre logros y demeritos, fruto exactamente de lo mismo. Por añadidura está claro que esta saga forzada fue la más perjudicada por la división en dos películas de una obra que en origen nunca había sido pensada como tal: consideraciones de orden comercial motivaron en definitiva la segmentación de una obra de 4 horas y 28 minutos cuya proyección integral seguramente dispensa una sensación distinta. Así quien no ha tenido oportunidad de ver Che, el argentino quedará un tanto desasistido de referentes para adentrarse en la trama de Che guerrillero.

En nuestro caso adicionalmente una cuantas licencias de ambientación y personificación, que para espectadores de otras latitudes pueden resultar irrelevantes, aquí fastidian la posibilidad de dejarse llevar por un relato árido y claustrofóbico que, por añadidura, no se esfuerza mucho en llevarlo a uno a ninguna parte, salvo a compartir las elucubraciones íntimas de un hombre desvestido casi de todo carisma y aferrado a un dogma cuya impracticabilidad pagará con la muerte, vista por sus propios ojos en la secuencia mejor lograda del film.

Es patente: muchos momentos del episodio "boliviano" de la vida del Comandante Guevara fueron imaginados por Soderbergh y sus guionistas como el reverso de momentos similares, durante el avance desde la sierra hasta La Habana. Vale decir que encontramos escenas que responden a una suerte de función de eco desencantado de otras similares insertas en lo que vendría a ser el relato del ascenso del personaje hacia el mito. Por eso, decía, vista la continuación del relato a meses de distancia de la apreciación de su primer tramo, hay en el segundo instancias narrativas desasistidas de sentido. Esa suerte de diálogo entre imágenes mostradas una vez en positivo y la segunda en negativo, para decirlo de alguna manera, ha sido quebrado. La épica asordinada de El argentino contrasta con la amarga antiépica de Guerrillero. La primera mitad, porque es ese en definitiva el resultado de la escisión practicada sobre el producto original, daba cuenta de una idea puesta en práctica con inclaudicable tesón hasta lograr el triunfo deseado. La segunda parte muestra esa misma idea, transformada en obsesión, colisionando con la imposibilidad de llevarla a buen puerto.

Podría pensarse que en el fondo el director se propone dejar establecido que la misma estrategia política aplicada en contextos diferentes, puede en un caso resultar exitosa y en otro entorno distinto devenir en fracaso, lo que no viene a  ser ninguna novedad. Por lo demás, en el intento de bajar a su biografiado del bronce para regresarle toda la dimensión humana, hay una minuciosa -morosa en largos tramos-, descripción de la cotidianeidad de la vida en campaña. Mucho de eso ya fue materia de El Diario del Che en Bolivia del suizo Richard Dindo. La diferencia con la película de Soderbergh, basada en el mismo texto, estriba en que allí las anotaciones del comandante, dichas en off muchos años después sobre la imagen de los mismos escenarios de entonces, cobran la fuerza de la evocación de una ausencia. Soderbergh intenta en cambio una suerte de reconstrucción al detalle, asumiendo el riesgo, no siempre sorteado con fortuna, de trivializar lo contado.

Esto último va dando cuenta de la paulatina desintegración del grupo de combatientes afectados por las dificultades de la convivencia y del terreno, así como por el aislamiento político que acompasa su penoso tránsito hacia el fracaso terminal y por la propia erosión de una moral socavada por la incertidumbre.

Una atmósfera de melancolía y desesperanza envuelve la pausada descripción de las andanzas del grupo guerrillero en medio de la espesa y mayormente reseca vegetación, donde no es posible avistar ningún horizonte,  dicho esto tanto en sentido llano como figurado. Y si he utilizado el término descripción, es porque el tratamiento elegido por Soderbergh se limita a mostrar las cosas, sin compromiso sentimental alguno.

Es por cierto plausible el esfuerzo hecho para no incurrir en la exaltación acrítica del biografiado, embalsamándolo con una inyección de infalibilidad, pero al fin y al cabo  todo acaba girando alrededor de esa figura excluyente, en torno a la cual se despliega una nutrida galería de personajes apenas esbozados, sombras que no terminan de cobrar peso específico y cuya multiplicación contribuye a enfriar el relato sumiéndolo en una suerte de sopor del que no consigue librarse casi nunca.

No hay por cierto objeción técnica valedera para un emprendimiento hecho con habilidad y conocimiento de los recursos. La fotografía deliberadamente desprolija quiere imprimir en las imágenes una patina de aspecto documental, el encuadre trabaja en la misma dirección, como para que lo visto adquiera un tono de espontaneidad, adecuadamente reforzado por la solvencia de Benicio del Toro, quien vuelve a entregar una faena impecable. El relato se atiene por su parte a las recomendaciones de cualquier manual básico acerca de cómo contar una historia, renunciado a los saltos temporales, que en la primera parte alternaban el avance de la columna guerrillera con las actuaciones ulteriores del Che ya en función oficial, que echaba mano adicionalmente del contraste entre el color de las imágenes del frente de batalla con el blanco y negro de las escenas referidas a Nueva York y a la presencia del entonces ministro cubano de industria en la asamblea general de las Naciones Unidas, donde pronunció aquel célebre discurso convertido casi en un rezo por los movimientos progresistas de los 60' y 70'.

El problema de la película como relato cinematográfico, reitero, estriba en la desangelada visión de un esfuerzo signado por la tragedia anunciada. Deja por otra parte de lado las connotaciones políticas de la opción del protagonista por el martirio voluntario, son escuetas las referencias a la situación imperante en Bolivia y quién no acuda al encuentro del film provisto de antemano del suficiente conocimiento de los antecedentes tampoco tendrá ocasión de enterarse. Quedan en penumbra las consideraciones que llevaron a Guevara a elegir  Bolivia para una aventura que lo instaló como mito en el imaginario colectivo, una dimensión que al terminar Che Guerrillero bien puede dar pábulo a la duda sobre los porqués de un fenómeno que al fin y al cabo Soderbergh solo alcanza a rozar.

FICHA TECNICA.- Título Original: Che: Part Two-Dirección: Steven Soderbergh- Guión: Peter Buchman, Benjamin A. van der Veen sobre El Diario del Che en Bolivia-  Fotografía: Steven Soderbergh- Montaje: Pablo Zumárraga- Diseño: Antxón Gómez,Philip Messina-Arte: Juan Pedro De Gaspar- Efectos: César Abades, Rafa Solórzano- Música: Alberto Iglesias-Producción: Belén Atienza, Álvaro Augustín, Laura Bickford, Frederic W. Brost, Brahim Chioua, Benicio Del Toro, Philip Elway, Gregory Jacobs, Alvaro Longoria, Vincent Maraval, Silvana Paternostro, Cristina Zumárraga- Intérpretes: Demián Bichir, Rodrigo Santero, Benicio Del Toro, Catalina Sandino Moreno, María D. Sosa, Raúl Beltrán, Raúl 'Pitín' Gómez, Paty M. Bellott, Othello Rensoli, Franka Potente, Norman Santiago, Joaquim de Almeida, Pablo Durán, Ezequiel Diaz, Juan Salinas, Luis Muñoz, Lorenzo Ariel Muñoz, Antonio Peredo, Aaron Vega, Giraldo Moisés, Jorge Perugorría, Néstor Rodolfo, Kahlil Mendez, Rubén Ochandiano, Cristian Mercado, Roberto Guilhon, Carlos Acosta, Edgardo Rodríguez, Armando Riesco, José Juan Rodríguez, Daniel Larrazábal, Wilder Salinas, Jimmy A. Céspedes, Eitán Vázquez, Óscar Avilés, Rubén Salinas, Daniel Aguirre, Miguel Villarroel, Diego Ortiz, Jorge Arturo Lora, Lou Diamond Phillips, Marisé Alvarez, Marc-André Grondin, Carlos Bardem, Eduardo Espinosa, Eduard Fernández, Antonio de la Torre, Marco Antonio, Luis Bredow, María Cristina Calá, Edison Narváez, Óscar Jaenada, Bart Santana, Raúl Núñez, Jesús Carrillo, Gastón Pauls, José Julio Park Shin, Juan Carlos Vellido, Raúl Arévalo, Yul Vazquez, Daniel Holguín, Tom Zinder, Sergio Deustua, Andrew Petrotta, Frederic W. Brost, Geischglin Rojas, Jordi Mollà, Stephen Casmier, James D. Dever, Roberto Sanmartín, Mark Umbers, Luis Callejo, Matt Damon, Eduard Sanjines, Diego Salazar, René Aragón, Pedro Casablanc, Tomás del Estal, David Zambrana, -USA/2008.