Pan comido, testimonio quemante y vivo de una gesta sencilla y heroica

    Periódico Cambio

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    Efraín Quicáñez Aguilar (‘Negro José’) narra la operación de rescate de tres de los guerrilleros sobrevivientes del  Che Guevara. La narrativa tiene episodios dignos de suspenso. Es una burla al imperialismo y parte de la historia...

    1º  Pan Comido: memoria de la operación rescate de los guerrilleros sobrevivientes del Che, de Efraín Quicáñez Aguilar (‘Negro José’), es un libro de aventuras apasionante.

     

    Es un documento histórico de gran valor. Es un testimonio revelador y valiente de una de las operaciones más famosas que involucraron a la guerrilla del Che Guevara tras su asesinato cobarde. Es carne viva de la historia. Es una de las “burlas” a la CIA y los “Rangers” más famosas y míticas. Es todo eso y mucho más. Pasión, militancia, entrega, sacrificio, temor y victoria. Es una historia oculta y desconocida —se habló mucho sin saber— que sale a luz 43 años después de la mano directa de su héroe principal. Los que busquen polémica barata sobre la vieja discusión del apoyo del Partido Comunista de Bolivia —y el ínclito Mario Monje— al Ejercito de Liberación Nacional (ELN) saldrán defraudados. Los que quieran enterarse de pe a pa de una operación rescate legendaria devorarán página tras página. Pan Comido se completa con un archivo fotográfico inédito de los protagonistas y un imperdible archivo periodístico que viene a retratar cómo los medios de comunicación siguieron paso a paso la operación. Desde los recortes de la prensa boliviana (y la rabia de Barrientos y Ovando por la huida de los guerrilleros) y de los periódicos chilenos dando la bienvenida a los cinco héroes, hasta la cobertura de los medios cubanos a la llegada a La Habana.


    2º Pan Comido tiene episodios emocionantes dignos del mejor thriller o película de suspenso, como la trampa en Sabaya, donde los guerrilleros confiados estuvieron a punto de caer en las manos de los militares. Un compañero anónimo avisó de la encerrona al ‘Negro José’, que por aquel entonces contaba con 38 años, y su ayudante Estanislao ‘Tani’ Vilca Colque (militante escogido por el ‘Negro’ entre la Juventud Comunista de Bolivia y gran conocedor de la ruta y la frontera chilena), ambos encargados de sacar de Bolivia a los tres cubanos guerrilleros sobrevivientes: Harry Tamayo Villegas (‘Pombo’), Daniel Alarcón Ramírez (‘Benigno’) y Leonardo Tamayo Núñez (‘Urbano’), tres de los diez sobrevivientes del ELN junto a Guido ‘Inti’ Peredo Leigue, David Adriázola (‘Darío’) y ‘el Ñato’. 

    El segundo momento que estremece todavía —43  años después— es cuando el periodista chileno Luis Berenguela, del periódico Últimas Noticias, de Iquique, encuentra a los cinco después de varios días de búsqueda cerca a Camiña, Chile. Cuenta el ‘Negro José’ en el libro: “...de pronto apareció una persona y gritando y agitando los brazos muy emocionado nos decía: Ustedes son los guerrilleros”. Para luego añadir orgulloso, cuando llegó la policía chilena: “Mi capitán, acá le traigo a los guerrilleros, para quienes solicito, a nombre de la prensa, garantías y asilo político”, dijo Berenguela al capitán de carabineros Caupolicán Arcos Albarracín. ¡Qué lejos estamos hoy en día, los periodistas, de aquellos tiempos! La descripción de la entrada triunfal en Camiña y las sucesivas manifestaciones de solidaridad del pueblo chileno para con los dos bolivianos y los tres cubanos todavía erizan la piel en un gesto de hermandad envidiable entre pueblos.

    3º La operación Pan Comido comenzó en Oruro el 8 de febrero de 1968 cuando el ‘Negro José’, con su alias de ‘Nicolás’ para el plan de rescate recibe a ‘Pombo’, ‘Urbano’ y ‘Benigno’,  y comienzan a caminar desde el Puente Español debido a una fuerte inundación. El paso del río Desaguadero por la noche en barcazas, el escondite en una humilde casa campesina en Toledo, la burla de los puestos militares en Huachalla y la famosa trampa en Sabaya seis días después de iniciada la marcha marcaron los días bolivianos de la operación. El juramento guerrillero de triunfar o morir, cerca de Pisiga, el paso a Chile donde enterraron las armas ( ), el volcán Isluga con militares chilenos al acecho y la posterior entrega en Camiña el 22 de febrero —catorce días después del inicio—  constituyen el núcleo central de la hazaña. ¿Se le ocurrirá a alguien llevar la gesta al cine, tan escasos que andamos en la cinematografía boliviana de buenos guiones? La operación concluyó con los guerrilleros hambrientos, llagados sus pies y cansados en un inicial traslado por carretera a la base aérea de los Cóndores en Iquique, y de ahí en avión a Antofagasta y Santiago. Los miedos de una traición y un viaje de vuelta a Bolivia agobiaron a los cinco durante esos días. La solidaridad de los presos chilenos de la cárcel de Santiago sacudiendo los barrotes y exigiendo la libertad de los cinco todavía emociona al ‘Negro José’. Y a todos los que hoy leemos apasionados la historia.

    4º Todavía hoy sorprende por qué los tres guerrilleros cubanos y los dos compañeros bolivianos demoraron tanto en llegar —casi dos semanas— al destino final, donde los esperaba ansioso de noticias Fidel Castro, al pie de la escalerilla del avión, con alfombra roja. Santiago de Chile-isla de Pascua, Tahití-Sidney (Australia)-Singapur-Atenas-París-Praga-Moscú-La Habana fue el itinerario interminable. En la isla de Tahití, en pleno oceáno Pacífico y con la presencia del senador Salvador Allende —luego presidente (quien tuvo un papel esencial para evitar la extradición a Bolivia por el gobierno de Eduardo Frei) se vivió un momento también para el recuerdo: tras la cena de honor en un hotel, Allende pide la guitarra y canta tonadas chilenas como el más consumado guitarrista en una faceta poco conocida de amor y sentimiento por el arte. El compañero cubano Baudilio Castellanos sigue con canciones de la isla y la inevitable Guantanamera. Y llega el turno de los bolivianos. ‘Tani’”, fiel admirador de Los Panchos y de Alfredo Gil, le casca unas cuecas y huayños. El ‘Negro José’ la remata con la muy popular Naranjita Pinta Pintita. Las chicas tahitianas con sus famosas flores de adorno sacan a bailar a los bolivianos. Realmente había sido Pan Comido.

    5º El nombre de la operación nació en una reunión del Comité Central del Partido Comunista a finales del 67 en la casa de don Fernando Siñani, entonces director del semanario El Pueblo. En aquella asamblea, Mario Monje fue sustituido por Jorge Kolle como Primer Secretario del PCB. En un apartadito tomando café hablaban Monje, Jorge Sattori y el ‘Negro José’, quien notaba preocupados a los dos primeros como teniendo “brasas que quemaban entre las manos”. “¿Por qué se preocupan?, dijo Efraín Quicáñez Aguilar. “Pero si eso es pan comido, por la frontera con Chile”, añadió el ‘Negro’, quien al ser de Llallagua criado en Oruro desde niño conocía bien la zona.

    6º El ‘Negro José’, “presionado” por viejos compañeros ansiosos de conocer esta historia inédita, dedica el libro a sus guaguas (bolivianas y cubanas) “a quienes les robé mi amor; de cerca o en la distancia me colman con su cariño y comprensión”.  Guardó silencio durante décadas como buen militante para proteger la suerte de hombres y mujeres. Gesta sencilla y heroica que hoy conocemos al detalle, para rendir tributo a todos los seres anónimos que la posibilitaron. Y si todos los nacimientos se dan en una clínica, este libro también vio su parto en otra, la clínica de los médicos cubanos en la zona sur de La Paz, allá por los carnavales de 2006. Los médicos cubanos Carlitos Hernández, Julio Hernández y Roberto Columbie lanzan la frase quemante e incisiva: “Negro, tú no tienes derecho a quitarnos a los revolucionarios de ahora esa parte de la historia; la protagonizaste tú, pero los dueños somos los revolucionarios que estamos construyendo el futuro, tienes que escribir esa historia”. Testimonio quemante y vivo, cuya riqueza no se paga con la vida, un gigante de la historia con mayúsculas, Efraín Quicáñez Aguilar, el ‘Negro José’.

    7º Los agradecimientos del ‘Negro’ van para el camarada ‘Huracán’ Ramírez, porque gracias a su paciencia, comprensión y razonamiento político se rompió el cerco de silencio que el autor y protagonista se impuso durante cuatro décadas. Y al colega Nicolás Fernández, editor del libro, autor también de las Memorias de Juan Lechín.


    Reflexiones sobre el Partido Comunista de Bolivia

    Efraín Quicañez Aguilar


    “Quiero compartir la siguiente reflexión sobre la actitud de algún dirigente del Partido Comunista de Bolivia sobre la misión que cumplimos en el rescate de los guerrilleros sobrevivientes del Che en Bolivia.  A pesar de los hechos que ocurrieron en el trayecto hacia la frontera con Chile, cumplimos con la tarea asignada por el PCB, Partido Comunista de Bolivia. Estando en Cuba, buscamos contacto con la dirección del Partido, para preguntar cual debía ser nuestra situación en adelante. Escribimos en más de una oportunidad mediante un contacto conocido en el Partido Comunista de la Unión Soviética. Nunca tuvimos una respuesta. ¿Por qué? ¿Nos habían olvidado? Además nunca se me pidió ningún informe sobre la operación que realizamos, pese a que en más de una oportunidad el Primer Secretario y otros dos miembros del Secretariado Nacional del PCB llegaron a Cuba.

    En una ocasión en La Habana, tuve la oportunidad de reunirme con el Primer Secretario del Comité Central, Jorge Kolle. En la misma le sugerí que se escribiera la historia de nuestro Partido. Me dio a entender que aún no era necesario hacerlo. Le hice notar que otros partidos hermanos ya lo habían hecho. Respondió que en el IV Congreso Nacional del PCB se había organizado una comisión que se encargaría de esa tarea y que para ello existía “dos sacos” de documentos. La comisión estuvo integrada por destacados militantes de la vieja guardia como Gualberto Pedraza, “Chongo” Castillo y Felipe Iñiguez, entre otros. Sugerí también que se escribiera sobre la participación y responsabilidad del Partido en la Guerrilla del 67 y por supuesto del rescate y salida de los guerrilleros sobrevivientes. Respondió que hablar de ese tema “fácilmente irritaría la heridas”. Hasta hoy en día los interrogantes me persiguen y sin respuesta, quizás tal vez nunca la obtenga: ¿En poder de quién están los “dos sacos” de documentos? ¿Por qué el Partido nunca se interesó en un informe de la salida de los sobrevivientes de la guerrilla del 67? ¿Por qué nunca se me pidió un informe cuando retorné a Bolivia de Cuba?

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